Desarrollo Curricular en los colegios de España

El desarrollo del currículo, concebido como ese espacio práctico de toma de decisiones que permite la formalización de una perspectiva global de análisis del proceso educativo en propuestas de diseño y pautas para la realización, la evaluación y la mejora de la práctica educativa, y su concreción en actividades que van completando la experiencia escolar del alumnado, corresponde, sobre todo, a la escuela y a los protagonistas de la vida escolar: alumnado y profesorado.

Como ámbito de profesionalización, el desarrollo curricular requiere la reorientación contextualizada, flexible y dinámica de los supuestos básicos que animan el currículo, de carácter pedagógico, psicológico, epistemológico y social, en prácticas de enseñanza que, siendo coherentes con los objetivos generales que persigue el Sistema Educativo y que se expresan en las regulaciones legislativas, se concreten de manera reflexiva en las mejores propuestas de acción posibles en cada momento y en cada contexto.

 

El desarrollo es un proceso de toma de decisiones, decisiones que se refieren a las estrategias necesarias para mejorar el programa, para la introducción en la escuela de aquellas otras decisiones tomadas en ámbitos superiores en torno a la innovación del currículo y los apoyos precisos para facilitar su implantación, y a las posibilidades de cambio desde la propia escuela.

La mejora de las prácticas docentes depende de la cultura que se genera en las aulas. Por ello, si convertimos cada aula en un ecosistema de reflexión y mejora continua del proceso de enseñanza- aprendizaje, contribuimos a reforzar las bases para innovar en el diseño y desarrollo curricular. El aula es un ecosistema de intercambios y anhelos entre los participantes, que ha de vivirse como un escenario de auténtico aprendizaje en colaboración, empatía y apertura, valorando positivamente las múltiples vivencias y creando las mejores percepciones. El desarrollo de la interacción es necesario para que se profundice en la socialización de los seres humanos y se descubra el verdadero horizonte que ha de caracterizar las aulas si se desea que se consoliden como ámbitos de innovación.

La tarea de innovar consiste en trabajar en un horizonte de mejora continua para cuantos intervienen en el acto formativo y demostrar que los implicados en tal acción logran los objetivos y dominan las competencias básicas que se estiman más valiosas. Innovar es aportar líneas de reflexión y transformación cada vez más relevantes que atañen a la institución y a los procesos de enseñanza- aprendizaje alcanzados en cada aula.

El programa es una síntesis de lo más valioso que el profesorado y los estudiantes han de plantearse alcanzar, conscientes de que cada momento de trabajo es esencial y que cada componente de tal programa tiene tanto un significado en sí mismo, como en estrecha interacción con los restantes aspectos. La mejora permanente de tales elementos y de las acciones docente-discentes para aplicar el programa constituyen un horizonte, en el que hemos de actuar como verdaderos transformadores. Así, el diseño del programa es posible y se concreta si se ha producido una reflexión y un diálogo colegiado del proyecto educativo de la institución escolar, adaptándolo y desarrollándolo en cada aula como el programa característico y más valioso para ella.

La innovación se sitúa como una nueva cultura, que impulsa a todos los participantes del aula a avanzar, a repensar lo realizado y a encontrar el pleno sentido, en un estilo de compromiso, que se espera de los proyectos y programas auténticamente innovadores.

 

 

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